Tratamientos EAS y Vasculitis

Clasificación de las Enfermedades Autoinmunes

Antimaláricos

Son fármacos moduladores de la enfermedad, fundamentalmente para manifestaciones articulares y dermatológicas. Se administran por vía oral y, en general, se emplea la hidroxicloroquina (HCQ) por su mejor perfil de seguridad respecto a la cloroquina.

Están indicados principalmente en el tratamiento del lupus eritematoso sistémico, siendo parte del tratamiento de base de todo paciente con lupus salvo contraindicación.

También se pueden emplear de forma coadyuvante en otras enfermedades como lupus eritematoso cutáneo, Síndrome de Sjögren, Artritis Reumatoide, dermatomiositis y sarcoidosis.

Beneficios
  • Disminuyen la actividad de la enfermedad
  • Reducen la incidencia de brotes graves
  • Disminuyen la mortalidad
  • Protegen frente a la aparición de daño orgánico irreversible
  • Permiten ahorrar corticoides
  • Efecto antitrombótico
  • Mejoran perfil lipídico y glucémico
  • Efecto protector sobre la densidad mineral ósea
Efectos secundarios

La toxicidad de los antimaláricos es poco frecuente y raramente grave. Los efectos secundarios más frecuentes son digestivos pero suelen mejorar con el tiempo, al tomarlos con comida o al reducir la dosis.

  • Antes de iniciar el tratamiento, se debe realizar una exploración oftalmológica y, posteriormente, una revisión periódica cada 6 – 12 meses. La maculopatía que puede producir es potencialmente reversible tras la suspensión precoz del tratamiento.
Situaciones especiales
  • El tabaco disminuye el efecto de los antimaláricos.
  • En insuficiencia renal grave, se recomienda ajustar dosis.
  • Embarazo y lactancia: la HCQ no es teratogénica y, dado el riesgo de brote tras su suspensión, se recomienda continuar con el tratamiento.

Glucocorticoides

Los glucocorticoides son fármacos con propiedades antiinflamatorias e inmunodepresoras frecuentemente utilizados en el tratamiento de las enfermedades autoinmunes sistémicas.

La dosis dependerá de la afección, la gravedad, el pronóstico y la duración de la enfermedad, así como la respuesta o tolerancia del paciente.

Uno de los objetivos del tratamiento consiste en mantener al paciente con la menor dosis necesaria hasta que se consiga el control de la enfermedad y evitar el aumento de la morbilidad relacionada con su uso crónico.

Entre los efectos adversos destacan:
  • Comunes/inevitables: aumento de apetito, ganancia de peso, insomnio y labilidad emocional
  • Dosis – dependientes: supresión del eje hipotalámico-hipofisiario, osteoporosis, osteonecrosis, infecciones oportunistas, reactivación de tuberculosis, fenotipo cushingoide, depresión, psicosis, glaucoma, HTA, diabetes, miopía, alteraciones menstruales y disminución de la fertilidad
  • Tiempo – dependientes: osteoporosis, atrofia de la piel, cataratas, equimosis, obesidad centrípeta, hígado graso, ateroesclerosis, retraso del crecimiento

Cuando se inicia tratamiento con glucocorticoides es necesario incidir sobre la importancia de llevar a cabo unos hábitos saludables para mitigar los efectos no deseados.

La profilaxis para la osteoporosis inducida por glucocorticoides se realizará en todos los pacientes y mientras se mantenga el tratamiento. Consiste en suplementación con calcio y vitamina D.

La retirada de glucocorticoides debe ser paulatina para no desarrollar insuficiencia suprarrenal.

Inmunosupresores

Los inmunosupresores son fármacos utilizados como tratamiento de las enfermedades neoplásicas por su capacidad para actuar sobre células que se dividen rápidamente.  Sin embargo, también se utilizan a dosis menores en las enfermedades autoinmunes ya que son capaces de ejercer su acción sobre elementos del sistema inmunitario y también poseen efecto antiinflamatorio e inmunomodulador.

La mayoría de los inmunosupresores requieren monitorización y tienen interacciones con otros fármacos.

Producen varios efectos secundarios, principalmente gastrointestinales (nauseas, vómitos, diarrea, anorexia) y una mayor susceptibilidad a las infecciones pero, generalmente, suelen desaparecer con la suspensión del fármaco o con la reducción de la dosis.

Algunos de los más utilizados son: ciclofosfamida, azatriopina, metrotexato, ciclosporina, tacrolimus, micofenolato y leflunomida.

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